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viernes, 24 de enero de 2014

las uvas de I.

—La parra tiene un montón de uvas; la semana que viene te traigo —dijo I. Y el lunes apareció con un tupper lleno de racimos chiquitos. Cuando lo abrí, me brillaron los ojos como si hubiese visto una colección de bolitas de vidrio para jugar, de las que juntaban nuestros padres cuando eran chicos.
El sabor y el color de estas uvas me refrescaron de inmediato y me recuperé como una planta recién regada. Al rato ya estaba pensando qué postre iba a preparar con ellas y, para no desvirtuar tanta frescura, decidí usarlas sobre una tarta y combinadas con una crema en copas, acompañadas por un vinito blanco dulce muy frío. Ahhh, solo me faltó el fresco a la sombra de la parra...


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