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miércoles, 4 de junio de 2014

art kitty parade en osaka


Esa mañana nos levantamos con cielo gris. Desayunamos y nos metimos rápido en la boca de subte, a media cuadra del hotel, para ir a la estación Kioto desde donde salía el tren hacia Osaka. La ciudad nos recibió lluviosa y bastante fresca; de no ser por el Grand Front Osaka, ubicado estratégicamente a la salida de la estación, nuestro día habría sido complicado.
Está bien, un shopping sigue siendo un shopping en cualquier lado del mundo y, a los que no les guste elegirlo como programa para pasear o ir de compras, sabrán entendernos a A. y a mí. Pero esta vez, créanme, fue diferente. No porque el Grand Front Osaka sea un complejo de seis edificios inmensos, modernos, rodeados de jardines, ni porque todo esté perfectamente señalizado con carteles, folletos y tenga, además, una recepción con empleados que sonríen de verdad y que informan con una amabilidad poco común sobre lo que se les consulte (bueh, como la mayoría en Japón).
No.
Esta vez fue diferente porque
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