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viernes, 31 de octubre de 2014

oishikatta desu



Kioto al mediodía. 

Hicimos unos pocos pasos a la salida del templo Eikan-dō, buscando algún lugar donde almorzar. Habíamos estado caminando toda la mañana desde temprano y ya estábamos un poco cansados, con un poco de calor y otro poco de hambre. No se veían muchos negocios por ahí; apenas esas máquinas expendedoras de bebidas que se encuentran en casi todos lados, pero, claro, nosotros no íbamos a empezar la dieta líquida justo ese día; queríamos sentarnos tranquilos un rato a comer y a descansar.

martes, 3 de diciembre de 2013

cerca del río


















La semana pasada estuvimos con A en Entre Ríos y lo pasamos chanchísimo. Me hubiera quedado hasta fin de año tranquilamente.
El 31 de diciembre cerca del río mirando el cielo limpio, oscuro, estrellado : así quiero que sea mi próximo 31 a la noche.

Descansamos, leímos mucho y bueno, en compañía de Gringo un perro adorable que siempre nos seguía, aprovechamos el aire y el agua, oímos mucho pío pío durante todo el día, paseamos, comimos rico*.
En El Palmar vimos carpinchos, iguanas y zorritos y, mientras almorzábamos aparecieron unas urracas ladronas que, a diferencia de las de Rossini, nos robaron queso de la mesa donde estábamos almorzando.
Queso.
En la mitad de la semana, un día nublado, fuimos a las Termas de Villa Elisa y nos quedamos boyando en el agua calentita. Ahhh...
En el pueblo Liebig, quisimos entrar al frigorífico abandonado pero no estaba permitido el ingreso. Ufa. Igualmente, sacamos algunas fotos, jugando a los reporteros gráficos por un rato.
Cuando volvíamos para la casa de campo donde nos alojábamos, nos topamos con una lata gigante de corned beef  en la calle. Surrealista.
No cocinamos un solo día en toda una semana; la única cocina a la que entramos fue a la del Palacio San José. Interesante la experiencia: la de no cocinar por un rato y la de meterse en otra cocina, nada menos que la de Urquiza y familia.
En todas las plazas, jardines y jardincitos de las casas había rosales y jazmineros en flor. Al igual que la urraca de Rossini y del Palmar, me afané un jazmín del jardín del palacio de Urquiza. Esto es muy de vieja roba-gajos pero no pude evitarlo, quería traerme un poco de todo lo que estaba viviendo. Y ahí estaba, concentrado en la flor.
Bueh, también nos trajimos unas hormas chiquitas de queso, eh. Vaya perfume el del Sardito y Provolone, sin desmerecer el del jazmín.

Los últimos dos días fuimos a la costanera a contemplar el río al atardecer. Uno de esos momentos que se repiten cada tanto en el tiempo sin tiempo, que se parecen pero que nunca son iguales y por eso son únicos.






*Iré subiendo algunas fotos de a poco y sin apuro. El carpincho es tendencia y yo lo sigo (nunca había visto uno. Andan como en cámara lenta y parecen muy pacíficos)
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