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martes, 1 de marzo de 2016

mousse de miel y yogur


Un final dulce y fresco después de una comida. 
Un desayuno veraniego.
Una merienda liviana.
Un antojo dulce en la mitad de la noche.
Solas o con coulis de fruta.

Elige tu propia aventura...





Ingredientes

Gelatina sin sabor 6 g
Miel* 100 g
Crema de leche 100 g
Esencia de vainilla 1 cuchara de café
Yogur griego** 300 g
Claras de huevo 2

Preparación

1- Hidratan la gelatina en agua fría (40 cm3).
2- En una cacerolita, hacen fundir a fuego suave la miel junto con la crema y la esencia de vainilla. Cuando está por hervir, retiran del fuego y añaden la gelatina hidratada. Mezclan bien y dejan enfriar.
3- Una vez que la preparación está tibia, añaden el yogur griego y mezclan nuevamente.
4- Baten las claras a nieve (tienen que quedar firmes) y las incorporan a la preparación anterior, mezclando delicadamente y con movimientos envolventes hasta que no haya grumos.
5- Vierten en vasitos y llevan a la heladera durante al menos 8 horas.

Rinde para 6 vasitos de yogur (de los de vidrio)



























Notas


*A mí me gusta usar una miel suave.

**Si no consiguen yogur griego, pueden hacerlo perfectamente con yogur natural; lo envuelven con un lienzo y lo colocan adentro de un recipiente para que suelte el suero como se ve en esta foto. Lo dejan así aproximadamente 4 horas; pasado este tiempo, ya está listo para usar.

*** Esta vez, les hice una base de coulis, aprovechando los duraznos hermosos que había en la frutería. Si les interesa, les dejo también la receta. Si lo preparan, tengan en cuenta que éste es el primer paso ya que el coulis es la base del vasito.
Procesan 525 g de duraznos (3 duraznos grandes) y colocan la pulpa en una cacerolita a fuego suave. Cuando alcanza los 45º, añaden en forma de lluvia 50 g de azúcar + 9 g de pectina previamente mezclados. Una vez que la preparación hierve, lo dejan un minuto más mientras revuelven un poco, y luego lo vierten directamente sobre los vasitos donde sirvan la mousse (yo, al final, también le agregué unos cubitos de durazno). Los llevan a la heladera durante una hora y luego vierten la mousse.
Así queda esta versión >>>

lunes, 15 de febrero de 2016

postrecito delicioso de chocolate (sin cocción y sin gluten)


¡Amantes del chocolate, hagan correr la voz! este postrecito es fa-bu-lo-so.


Fácil, rápido, sin encender el horno (Buenos Aires es el horno encendido ... en fin, es verano) pero por sobre todas las cosas una delicia chocolatosa, entre mousse y crema densa. Para agendar en el cuaderno de recetas y hacer varias veces al año.


La receta viene del blog de Mercotte ;)


Ingredientes

Huevos 3
Azúcar rubio (o mascabado) 50 g (yo usé mitad y mitad)
Chocolate semiamargo 150 g
Manteca pomada 125 g
Gelatina en polvo 3 g
Café soluble/alcohol/vainilla, elijan lo que les guste para aromatizar

Preparación

1-Hidratan la gelatina en agua fría (20 cm3).
2-En un bol, baten con batidora de mano los huevos con el azúcar durante 6 ó 7 minutos; la mezcla tiene que triplicar su volumen y volverse espumosa.
Mientras tanto, funden el chocolate a baño María. Cuando está listo, lo retiran del fuego y añaden la manteca pomada cortada en cubitos, mezclando un poco con la espátula.
3-Cuando la mezcla está homogénea, incorporan la gelatina disuelta y el aroma que usen.
4-Vierten el chocolate en la mezcla anterior y baten medio minuto más, a velocidad mínima para terminar de homogeneizar.
5-Forran con film una budinera de 22 x 10 x 6 para que sea más fácil desmoldarlo (si es de silicona, no es necesario), vierten la mezcla final y reservan en la heladera por lo menos 12 horas.


Yo lo hice en un molde de silicona para 6 muffins, que llevé al freezer durante unas 4 horas más o menos. Luego los desmoldé directamente en los platos de postre (una vez desmoldados, ya no se pueden cambiar de plato) y los pasé a la heladera hasta el momento de servirlos.














































































































Que tengan una muy buena semana.

miércoles, 3 de febrero de 2016

un libro y un cuenco de uvas





Un día I. nos trajo uvas blancas; otro día, al año siguiente, volvió a traernosy, desde entonces, pasó a ser un momento esperado, una suerte de celebración elegida. 

Hace ya tres veranos seguidos que I. nos trae uvas de la parra de su casa; uvas de un color y de un sabor que no encontré nunca en ninguna frutería. Hace unas semanas, pensé que este año no iba a traernos o que se iba a olvidar porque 2015 fue muy duro para ella, pero por su suerte me equivoqué y apareció una vez más con un tupper enorme repleto de racimos.  

Esta vez no cociné nada, solo les saqué las semillas, las espolvoreé con un poco de azúcar rubio y, una vez que soltaron su jugo, les puse unas cucharadas de ron. Esperé un rato, porque como dice ella "no hay que apurar las cosas; las que venden en la frutería no están maduras por eso no son ricas" y me fui a leer un libro. Cuando lo abrí, me reí viendo al gato que mira la luz filtrándose entre las hojas: me vi a mí misma con ganas de saltar a la parra para dar el zarpazo. Sin embargo, me contuve y seguí leyendo hasta que estuvieron maceradas y listas para comer. Una cucharada gorda de queso crema completó el bol más fresco y rico del universo.








*Este año, yo le di a probar mis cerezas y se llevó un frasco.

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